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  • Leo Dorta - Borealis

Reflexiones para el éxito en tiempos difíciles

«Escucha a tu ser. Te está dando continuamente pistas. Es una voz quieta, pequeña. No te grita. Y si callas un poco empezarás a sentir tu camino» Osho



Existen dos grandes conceptos que suelen ocupar los primeros puestos de las prioridades de una inmensa mayoría de personas en el mundo: éxito y felicidad. Nos preocupa qué será de ellos, cómo recuperarlos o alcanzarlos. Puede que nos sintamos desprovistos de esa posibilidad en los tiempos que corren. Y, en ese caso, también es probable que mucha de nuestra energía esté centrada en encontrar culpables que carguen con la responsabilidad de nuestra desdicha.


Recuerdo la escena de la película el guerrero pacífico en la que a la pregunta “¿quién eres?”, el protagonista responde “este momento”. Y así es, el hecho de ser nos convierte en criaturas tremendamente dichosas. Somos ahora, este preciso instante, este momento. Puede que no te guste lo que está pasando. Quizás quieras escarpar para volver a la rutina anterior. Y precisamente eso es lo que solemos hacer, huir en nuestra cabeza hacia el deseo o el temor de lo que está por venir o regodearnos en las emociones de nuestros anhelos pasados.


Vivimos con la inercia del “debería” y el “a ver si”. Repetimos mantras como “debería haber hecho esto y no lo otro. Debería haber recibido aquello que no me dieron. En general, las cosas deberían ser o haber sido de otra forma. A ver si las cosas cambian, a ver si pasamos este mal momento, llegan tiempos mejores, recibo lo que me merezco o por fin me puedo ir de vacaciones”.

«Cada mañana cuando abro los ojos me digo a mí mismo:

Ningún acontecimiento tiene la capacidad de hacerme feliz o infeliz hoy.

Yo puedo elegir lo que pasará.

Ayer ha muerto, mañana no ha llegado todavía.

Tengo un solo día, hoy, y yo voy a ser feliz hoy»

Groucho Marx

Uno de los síntomas que confirman que contamos con índices razonables de madurez lo encontramos en la aceptación de que las cosas son tal y como son, sin más. Y si no me gusta como es la realidad puedo asumir la responsabilidad y hacer algo para propiciar el proceso de cambio deseado. Y sí, quizás uno de los males que aquejan a esta sociedad es la inmadurez crónica o la adolescencia prolongada. Nos quejamos y lamentamos pero seguimos haciendo lo mismo, cada día, mientras esperamos que ocurran cosas distintas o que alguien se haga cargo de entregarnos la solución, llave en mano.


Podemos estar de acuerdo en que mucho debe cambiar en la clase política. Pero resulta desconcertante que hablemos de las personas que nos representan en las instituciones como seres ajenos a nuestra sociedad. Nos guste o no, son parte de este entramado del que participamos el resto. La política es una porción más de la misma tarta. Estamos hechos de lo mismo.


Hagamos un ejercicio práctico, para el que se requiere grandes dosis de honestidad. Haz una lista de lo que no te gusta de nuestros políticos en general. Ahora piensa en la sociedad actual, en las actitudes que observas a tu alrededor, incluso, en tu propia actitud y prioridades. ¿Encuentras demasiadas diferencias?

«La mayoría de la gente realmente no quiere la libertad, porque la libertad implica responsabilidad y la mayoría de la gente tiene miedo a la responsabilidad»

Sigmind Freud

¿Quiere decir esto que tenemos la culpa? No. Quiere decir que contamos con un enorme poder para hacer algo extraordinario y transformador con lo que nos pasa. No es fácil, ¡claro que no! Nada interesante y valioso lo es. ¿Es fácil la maternidad o paternidad? ¿Es fácil superar una enfermedad, una adicción, una despedida? ¿Es fácil cumplir nuestros sueños? Vivir no es fácil, pero es apasionante y merece la pena hacerlo desde todas sus posibilidades. Y aquí nos encontramos con la clave del éxito y la felicidad: aceptar las cosas tal cual son ahora, aprender de lo que es, conocernos y crecer a través de lo que ocurre.


El éxito nos encuentra cuando permanecemos presentes en cada paso del camino. Da igual si es más o menos agradable. Al fin y al cabo, se trata de la forma en la que percibimos lo que acontece. Ahora parece horrible y, con el tiempo, nos damos cuenta del aprendizaje y del desarrollo que nos aportó. Contamos con innumerables ejemplos en nuestra adolescencia; aquella época plagada de dramas apocalípticos, que ahora recordamos con una sonrisa condescendiente en los labios.


El éxito está ahora, en cambio, nosotros nos empeñamos en permanecer antes o después. Por ello convivimos en exceso con sentimientos como la frustración, el miedo, la ansiedad o la vergüenza. Es momento de madurar, de dar el paso definitivo de la preocupación a la ocupación. Trascender de la queja crónica hacia la acción transformadora, de los reproches a la responsabilidad y del juicio a la aceptación serena.

«Si no eres tú, ¿quién? Si no es aquí, ¿dónde? Si no es ahora, ¿cuándo? Si no es para todos, ¿para qué?» Alejandro Jodorowsky

La vida de cada cual y la historia en general se asemeja a una montaña rusa. A veces estamos arriba y otras veces abajo. Todo es parte del mismo juego y en su conjunto tiene sentido que así sea. En la situación tan excepcional que estamos viviendo nos encontramos más abajo de lo que la mayoría hubiéramos imaginado nunca. El descenso ha sido vertiginoso y aun conservamos el miedo en el cuerpo.


Podemos continuar paralizados por el temor o elegir aceptarlo, sentirlo y atrevernos a transitarlo para conectar con lo que se encuentra al otro lado: el coraje con el que remontar el vuelo hacia nuestros deseos, desarrollando nuestro potencial, disfrutando de cada acción o decisión, atendiendo a cada detalle de lo que nos rodea y entregando al mundo todo lo bueno que albergamos en nuestro interior.


En Japón, este gesto que aúna autoconocimiento, generosidad, consciencia, profesionalidad y autorrealización, responde al nombre de Ikigai. En el próximo post compartimos los detalles y las claves para lograr este estado de conexión personal, con nuestras acciones y con el entorno, más allá de nuestra individualidad. ¡Hasta pronto!

«El éxito es saber tu propósito en la vida, crecer para alcanzar tu máximo potencial y plantar semillas que beneficien a otros»

John C. Maxwell

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