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  • Leo Dorta - Borealis

Ikigai: El para qué del sentido de la vida

«El éxito es saber tu propósito en la vida, crecer para alcanzar tu máximo potencial y plantar semillas que beneficien a otros» John C. Maxwell


Por un momento, imagina un espacio – tiempo en tu vida en el que haces lo que amas, aquello que te apasiona hasta tal punto que las horas se van volando. Imagina que cuentas con altas capacidades y conocimientos para desarrollar dicha actividad, que te sientes especialista y cuentas con la motivación para entrenar y esforzarte por mejorar cada día. Imagina que con esta ocupación que te produce satisfacción y para la que cuentas con amplia cualificación ganas el dinero suficiente para vivir dignamente. Además de todo esto, imagina que con tus actos contribuyes a que el mundo sea un lugar mejor. Esa posibilidad existe y en Japón lo llaman ikigai.


El término ikigai proviene de la unión de dos palabras: iki, que hace referencia a la vida y kai, que viene a significar “la realización de lo que uno espera y desea”. De esta forma el ikigai es la razón de vida o de ser de una persona. En la cultura japonesa se cree que cada persona cuenta con su propio ikigai, aunque no siempre es capaz de tomar consciencia del mismo y de enfocar su existencia en esa dirección.



En la sociedad occidental nos hemos acostumbrados a convivir con infinidad de obligaciones. Actividades que no nos motivan o compromisos que no nos atrevemos a eludir. Para ser capaces de soportar la insatisfacción y lograr los objetivos marcados nos hemos apoyado en la fuerza de voluntad: sobre-esforzarnos, aprovechando la energía residual con la que contamos a costa de nuestra salud, utilizando indebidamente el atajo preferido en esta parte del mundo: el estrés.


Hemos aceptado que para ganar dinero debemos sentir cierta insatisfacción. Solemos pensar que el trabajo no puede resultar gratificante más allá de la aportación económica, salvo para un reducido grupo de 'flipados', 'cantamañanas', 'pelotas' o 'vagos'. En el mejor de los casos nos esforzamos de lunes a viernes, para contar con dos días “libres” en los que, después de reponer fuerzas y si queda tiempo, intentamos hacer algo de lo que nos apasiona de verdad. Y repetimos este patrón durante once meses, trescientos treinta días, para obtener treinta días de merecidas vacaciones. Después, volvemos a la resignada rutina y repetimos el ciclo una y otra vez.


En este sentido, el ikigai es una valiosa y eficaz práctica preventiva de la insatisfacción, la frustración y la ansiedad. Contar con un para qué, con un motivo por el que levantarnos cada mañana y afrontar los retos que se presentan durante el día, nos carga de motivación y esperanza. Nos conecta con nuestra mejor versión y nos alienta a disfrutar de cada momento con intensidad y agradecimiento.


El para qué está dentro de cada cual, se encuentra en lo más profundo de nuestro ser. Por esta razón, no tiene que ver con lo que hacemos o con quién lo hacemos. Tiene que ver con la forma en la que lo hacemos y cómo nos relacionamos con las personas y circunstancias que se dan en cada momento. Es responsabilidad de cada cual encontrar su ikigai y comenzar a construir una existencia cargada de sentido, donde nuestra profesión se convierta en nuestra pasión y se ponga al servicio de nuestra vocación, contribuyendo con ello a mejorar la realidad que nos rodea, generando valor añadido y riqueza social.



¿Cómo descubrir mi ikigai?


Son numerosos los caminos que podemos tomar para darnos cuenta del para qué de nuestra existencia. En esta ocasión queremos compartir contigo algunos de los ejercicios y acciones propuestas por Francesc Millares y Héctor García en su libro “El método Ikigai”, publicado después de su primera obra “Ikigai” que contribuyó a popularizar este concepto en occidente.


Estos dos españoles apasionados por la cultura nipona nos sugieren un viaje de 35 estaciones transitando el pasado, el presente y el futuro al encuentro de nuestra misión vital, de nuestro ikigai. Aquí haremos una selección de alguna de estas paradas y las explicaremos a nuestra manera, con perdón y permiso de los autores.


El pasado

«Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido» Oscar Wilde


En nuestro pasado podemos encontrar pistas del para qué de nuestra vida. La infancia es una etapa menos condicionada por los prejuicios, miedos o expectativas de otros. Por ello la información que vamos a encontrar mirando hacia detrás en el tiempo, será más auténtica y hablará con mayor claridad de quiénes somos y de lo que deseamos.

  1. Recupera los sueños de tu infancia. ¿Qué era lo que más gustaba hacer en esa etapa de tu vida? ¿En qué actividades desplegabas todo tu potencial? ¿Con qué soñabas?

  2. Genera espacios para recordar y compartir los momentos de éxito del pasado. ¿Qué has conseguido? ¿Qué logros te hacen sentir orgullo?

  3. Reconoce y dedica tiempo de calidad a tus amistades del alma. Recupera relaciones valiosas del pasado y cultívalas.

  4. Realiza una auto-biografía de tu vida hasta el momento presente para comprender tu realidad actual. ¿Cómo fue tu infancia, tu adolescencia, tu juventud, cómo entraste en la vida adulta? ¿Qué imagen tenías de ti y cómo te veían los demás? ¿Cuáles son los aspectos más luminosos y oscuros de tu historia?


El presente

«Pase lo que pase, por más que cambie tu vida, hay una cosa segura: siempre es ahora» Eckhart Tolle


La vida es este momento, ahora. Lo habitual es que desviemos nuestra energía hacia el pasado o hacia el futuro y nos perdamos lo que ocurre en el presente. Lo que somos, lo que deseamos y lo que sentimos está en el presente. Permanecer el tiempo suficiente aquí y ahora nos ofrece la posibilidad de descubrirnos, de elegir y de emocionarnos con nuestra existencia.


  1. Presta atención a lo que haces cuando lo estás haciendo. Céntrate en una sola tarea a la vez y pon toda tu intención en ella. Dedica tiempo a planificar y a evaluar, pero el resto del día actúa con todos tus sentidos presentes y sin juicio. Dúchate mientras te duchas, come mientras comes, escucha cuando escuches y habla cuando estés hablando.

  2. Exprésate. Comparte lo que sientes, lo que piensas y lo que deseas, siempre que sea posible. Hazlo desde el respeto a tu persona y a las reacciones de los demás. Si no es posible, busca un momento del día para escribirlo. Intenta hacerlo con palabras bellas y amables.

  3. Haz algo generoso cada día sin esperar nada a cambio. Puede ser un detalle con alguien o un gesto con la naturaleza en todas sus expresiones. Recuerda que eres parte esencial de un todo y que cuando cuidas al entorno te estás cuidando a ti mismo, a ti misma. Ten muestras de cariño con las personas que quieres y dedica algo de tiempo a mimarte.

  4. Improvisa de vez en cuando. Sal de tu zona de confort. Comienza un día sin rumbo claro. Viaja sin destino. Conoce gente nueva. Innova en la cocina. Prueba actividades de ocio distintas.


El futuro

«El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad» Víctor Hugo


Solo si crees que puedes, cuentas con alguna posibilidad de lograrlo. La vida es ahora pero solo experimentamos lo que se ajusta a nuestras expectativas. Si pienso que una cosa no es para mí, aunque la tenga delante, no la veré. De la misma forma, cuando me permito la posibilidad de algo, siento mayor capacidad y motivación para hacerlo posible. En definitiva, soñar con lo que deseamos nos predispone al logro de nuestras metas.


  1. Proponte crear un nuevo hábito saludable. Eso que deseas y te parece imposible. ¿Crees que puedes? ¿Qué te lo impide? ¿Qué necesitas para lograrlo? ¿Qué estás dispuesto, dispuesta a arriesgar para alcanzarlo? Comienza por algo pequeño y realista para ti y proponte ser constante cada día, desde tu máximo esfuerzo.

  2. Refléjate en el espejo de las personas que valoras. Cuestiona tu punto de vista y acepta abrirte a otras formas de ver la realidad. La visión del otro siempre es constructiva y complementa tu manera de relacionarte con lo que ocurre. Amplía tu auto-conocimiento a través de lo que te gusta y lo que no te gusta de lo que ves. Construye a partir de lo que te resulta atractivo y descubre tus preferencias a través de tus aversiones.

  3. Elige una virtud que te caracterice, desarróllala cada día y compártela. Prioriza las cosas importantes por encima de las urgentes y, poco a poco, ve apartando lo que no es esencial en tu vida.

  4. Atrévete a iniciar ese proyecto que tienes en mente desde hace tiempo. Planifica lo que quieres hacer, con quien quieres hacerlo, qué debes aprender para lograrlo. Sopesa los riesgos y pon en valor los beneficios. Dibuja, escribe, sueña. Ponle nombre, uno realmente bonito, que sea capaz de estimular tu mente, de tocar tus emociones y de moverte hacia la acción.


Se acercan tiempos renovados. Lo viejo y obsoleto deja paso a nuevas formas de relación con el tiempo que tenemos aún disponible. Si cuentas con la posibilidad de experimentar plenamente tu vida, cada segundo, sin excepciones ¿vas a perder la oportunidad? Ahora es un buen momento para comenzar el viaje de vuelta hacia tu para qué y desde ahí experimentar la profunda satisfacción que supone aunar pasión, misión, vocación y profesión en un solo elemento, tu ikigai.


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